No importó cuanto le pegué e insulté, no me soltó hasta que estuvimos afuera de aquel horrible lugar. Y ni mencionemos que ninguno de los agentes hizo algo para ayudarme a pesar de mis gritos.
En el estacionamiento, me dejó en el suelo, colocando mi espalda contra un vehículo negro, impecable. Dejé que todo mi peso recayera en el, ya que las fuerzas me fallaban. Lo único que me mantenía con los ojos abiertos, era la amenaza latente de 1,90m ante mí.
—¿Qué me hiciste firmar? ¿Qué contenía ese