Entonces, respiré hondo. Era el momento.
—Papá —dije, carraspeando. Enjuagué las lágrimas que corrían libremente por mis mejillas—. Hay algo más que necesito decirte. Algo que he estado escondiendo porque tenía miedo de tu reacción. Pero ya no quiero esconderme más.
Él enarcó una ceja, curioso. Su gesto de encontraba aún algo fruncido, como el hombre sabio que siempre analizaba todo.
Me levanté de la cama y di un paso atrás. Con manos temblorosas, llevé las manos a mi vientre, presionando con