El zumbido del helicóptero de Valkiria todavía vibraba en mis oídos cuando desperté en la mansión de las afueras de Moscú, un refugio fortificado que olía a cera de abejas, pólvora y ese perfume metálico de la sangre que parecía haberse convertido en mi propia sombra, Nikolai estaba vivo, pero la distancia entre nosotros se había ensanchado de una forma extraña tras el rescate en la montaña, como si al salvarlo del precipicio hubiera roto una barrera que ahora él intentaba reconstruir con silen