La mansión de los Petrov se había transformado en un mausoleo de cristal, un lugar donde cada paso que daba parecía ser vigilado por mil ojos invisibles, y el silencio de Nikolai, antes reconfortante, ahora se sentía como una soga que se apretaba lentamente alrededor de mi cuello, me desperté antes del amanecer, con el sabor amargo de la desconfianza en la boca, observando el lugar vacío en la cama donde mi esposo solía dormir, Nikolai pasaba ahora más tiempo en el búnker táctico con Viktor que conmigo, y esa brecha era precisamente lo que el traidor necesitaba para terminar de cavar mi tumba, me puse una bata de seda oscura, deslizándome por las sombras de la habitación, sintiendo que la calidez de nuestra noche en la cabaña era un recuerdo de una vida que ya no me pertenecía.
Caminé hacia la pequeña biblioteca que conectaba con el ala de seguridad, mis pies descalzos no hacían ruido sobre la madera encerada, mientras mi mente repasaba cada gesto de Viktor, cada mirada de soslayo qu