La mansión de los Petrov se había transformado en un mausoleo de cristal, un lugar donde cada paso que daba parecía ser vigilado por mil ojos invisibles, y el silencio de Nikolai, antes reconfortante, ahora se sentía como una soga que se apretaba lentamente alrededor de mi cuello, me desperté antes del amanecer, con el sabor amargo de la desconfianza en la boca, observando el lugar vacío en la cama donde mi esposo solía dormir, Nikolai pasaba ahora más tiempo en el búnker táctico con Viktor que