El viento en la cima del desfiladero no soplaba, golpeaba, era una masa de hielo que intentaba arrancarme la piel, mientras la nieve me cegaba por momentos, impidiéndome ver con claridad la figura de Lorenzo, él estaba allí, de pie sobre el saliente de roca, luciendo como un espectro de mi pasado que se negaba a quedar bajo tierra, Nikolai me mantenía detrás de él, su cuerpo era un escudo sólido que recibía los impactos de las ráfagas de nieve, pero yo podía sentir la tensión en sus músculos, esa vibración sorda de un hombre que sabe que tiene todas las de perder, pero que no piensa dar un paso atrás, mi hermano, con el rifle apoyado en el hombro y una mirada que destilaba un odio purulento, se reía con una sequedad que me helaba la sangre más que el clima ruso.
—Mírate Alessandra, mendigando protección al hombre que mató a nuestra gente en la catedral, al traidor que usa una placa oculta bajo el traje de Don para jugar a ser el héroe de una justicia que no existe —escupió Lorenzo, s