El silencio que siguió al mensaje de Valkiria en el búnker no era de paz, sino de esa calma antinatural que precede a los terremotos, Nikolai dejó el teléfono sobre la mesa de metal, y por un segundo, vi cómo la máscara de hierro del Don se agrietaba para dejar paso a un hombre que sabía que el tiempo se le escurría entre los dedos, los generales de la Bratva no eran tontos, habían olido la sangre de las irregularidades financieras y el rastro de la Operación Ícaro, ahora, el hombre que me habí