El estallido del cristal fue el eco de una sentencia de muerte, resonando en mis oídos mucho después de que Nikolai me arrojara al suelo frío del búnker, la bala destinada a su cabeza, había dejado un agujero perfecto en el espejo, y cada fragmento brillante reflejaba el caos que se había desatado, el aire se llenó del olor acre de la pólvora y de la tensión que se respiraba en el ambiente, me quedé pegada al suelo, mi cuerpo temblaba, no por el miedo a la muerte, sino por la ferocidad con la q