Mundo ficciónIniciar sesiónMy Lady es una historia de magia, romance y coraje ambientada en un mundo encantado donde la literatura es tan poderosa como los echizos. Alcira Zuanich, una joven noble de piel clara y gusto refinado, viste siempre de tonos rosados qué realzan su delicadeza y elegancia. amantes de los libros y la moda, su vida gira en torno a bailes, letras y belleza... hasta que es secuestrada por fuerzas oscuras qué buscan controlar un antiguo secreto mágico que ella desconoce poseer. cuando todo parece perdido, un joven caballero llamado Diemides se embarca en una peligrosa misión para rescatarla. El no solo deberá enfrentarse a criaturas mágicas y trampas encantadas, sino también descubrir qué une realmente realmente con el de Alcira. En este universo donde la ficción cobra vida, los susurros de los libros antiguos guían a los valientes y la palabra "Mi lady" puede ser tanto como un saludo como una promesa.
Leer másCon el medallón brillando sobre su pecho y el diario de su padre aún palpitando con magia ancestral, Alcira sintió cómo el bosque a su alrededor cambiaba. El Lago de las Sombras parecía haberse silenciado por completo, y una brisa helada emergió desde el corazón del bosque, haciendotemblar las hojas con un murmullo susurrante.—Algo se aproxima —dijo Diemides, poniéndose de pie y desenvainando su espada.Alcira cerró el cofre, lo guardó en su bolso y se alzó también. El medallón vibraba, guiándola hacia una vereda que no había estado allí antes: un camino estrecho de piedra, envuelto en niebla plateada. Sin decir palabra, ambos comenzaron a caminar, sabiendo que el próximo sello estaría custodiado por pruebas que pondrían a prueba no solo su poder, sino su voluntad.Tras un largo trecho, llegaron a un claro rodeado de árboles altos como torres. En el centro, una estructura de piedra, como un arco en ruinas, brillaba con runas antiguas que resplandecían c
La torre había quedado atrás, pero el sello brillaba aún en lapiel de Alcira como si quemara con la fuerza de un sol interior. Su tercer poder—luz—era diferente. No estallaba como el fuego, ni danzaba como el viento. Era constante. Profundo. Un faro.Diemides cabalgaba a su lado, aún con el brazo vendado tras la herida del combate. A pesar del dolor, su mirada no se apartaba de ella. Desde que habían salido de la torre, Alcira parecía distinta. Más alta, aunque no lo fuera. Más segura. Más distante.Esa noche, acamparon junto a un arroyo escondido entre sauces.—¿Estás bien? —preguntó él, mientras encendía la pequeñafogata.—Sí —dijo Alcira, pero no lo miró.Diemides la observó en silencio. Ella tenía la vista clavada en la llama. En su rostro había una paz forzada, una calma que no era suya.— Desde que tienes ese nuevo sello… estás más lejos —dijo él al fin—. Como si… te estuvieras alejando del mundo.Alcira respiró hondo.—Es que lo siento —confes
El lago del Valle Espejado no era solo agua: era memoria. Cada ola reflejaba no solo el cielo, sino también fragmentosde pasado, presente y futuros posibles. Alcira lo sintió apenas puso un pie en la orilla. Una vibración cálida, melancólica… y peligrosa.—Debemos cruzar hasta la isla —dijo ella, observando cómo la torre cristalina palpitaba como un faro viviente.Pero el paso no era simple. No había botes. No había puente. Solo el agua brillante y la certeza de que no debían tocarla sin permiso.Alcira cerró los ojos, extendió las manos, y recitó uno de los versos del libro antiguo. La superficie del lago tembló, yde entre sus profundidades emergieron pasos de cristal flotante, formando un sendero efímero.—Debemos apurarnos. Este camino no durará mucho —advirtió, comenzando a caminar con Diemides a su lado.A medida que se acercaban a la isla, el aire se volvía más denso. Cada respiración costaba más. Y entonces, justo antes de llegar al último paso, el
Tras la dura batalla en el templo de las Aguas Profundas, Diemides y Alcira se refugiaron en una caverna cercana mientras sus tropas aseguraban el terreno. Las heridas de ella habían sido tratadas con ungüentos mágicos, pero la fatiga aún pesaba en su cuerpo. Sin embargo, su mente no descansaba. El nombre de sus enemigos seguía repitiéndoseen su cabeza: la Orden de los Caídos.—¿Quiénes son realmente? —preguntó Alcira, sentada junto a una pequeña fogata.Diemides, que afilaba su espada con paciencia, levantó la vista. Sus ojos verdes brillaban a la luz del fuego.—No siempre fueron enemigos. Hace siglos, eran guardianes de los mismos sellos que ahora desean destruir. Monjes, sabios, protectores de la magia antigua. Pero algo ocurrió.—¿Qué cambió? —preguntó ella, intrigada.—Ambición —respondió él con tono amargo—. Uno de suslíderes, Alzareth, descubrió que los sellos no solo protegían el equilibrio del mundo, sino que ocultaban una fuente de poder pur
Último capítulo