El Fragmentario chilló como si cada palabra le doliera. El Custodio, aún resistiendo, se volvió hacia ella con urgencia.
—¡El sello está roto! Debes reconstruirlo… ¡con tu
voluntad!
Alcira entendió. Extendió los brazos y convocó al grimorio que llevaba desde que lo encontró. El libro flotó frente a ella, sus páginas se abrieron por sí solas y un texto
desconocido brilló en letras de fuego:
“Por la sangre que me llama, por el mundo que me sueña, que el Velo se cierre con mi esencia