12. Amargo dolor
Zinoviy la llevó en brazos hasta el auto como si no pesara nada, su cuerpo pequeño y tembloroso se apretaba contra su pecho.
La sentó en el asiento de copiloto y abrochó el cinturón como si fuera una niña. Su vestido arrugado se subió por sus muslos, exponiendo su piel pálida y hermosa que lo volvía loco.
Zinoviy se dio la vuelta y se subió al auto comenzando a conducir.
—Mi padre...
Vasya se desahogó contándole sobre la llamaba que había recibido mientras lloraba por su padre capturado.
No habló.
Solo conducía con una mano en el volante y la otra sobre su muslo, pesada, posesiva, como si temiera que se desvaneciera si la soltaba.
Apretó la mandíbula con frustración porque él sabía exactamente dónde estaba el bastardo de su padre.
Él mismo había ayudado a capturarlo.
La miró de reojo.
Vasya tenía la cara vuelta hacia la ventana, lágrimas silenciosas resbalando por su cuello, Métisy no se merecía sus lágrimas, se había acabado el tiempo para ellos, tenía que contarle a Vasilisa toda