20. Cualquier cosa que quieras, la tendrás
Vasya empujó con ambas manos su pecho con toda la fuerza que le quedaba.
—Basta —gruñó ella—. Basta de tocarme, de hablarme como si yo fuera tuya.
Zinoviy la observó en silencio un largo segundo. Luego, con una lentitud casi dolorosa, se inclinó y la besó.
No se parecía al beso de antes.
Este era profundo, devastador.
Su boca se movió sobre la de ella urgentemente. Vasya se quedó inmóvil con los puños apretados contra su pecho, luchando contra la ola de calor que la recorría de pies a cabeza.