19. ¿Estás preocupada por mí?
Zinoviy la cargó como si no pesara nada, sus brazos la rodearon con una posesividad que quemaba.
Vasilisa gritó pataleando con furia ciega, sus puños golpearon su pecho ancho como si por medio de aquellos golpes pueda hacer que él la liberara y al mismo tiempo hacer que el deseo traicionero que la devoraba por dentro desapareciera.
Pero Zinoviy no se inmutaba, cada golpe parecía avivar el infierno en sus ojos verdes, ese anhelo reprimido que lo había consumido desde el primer momento en que la