21. Por ti
Vasya sintió que la sangre le hervía por la certeza absoluta de que él no estaba mintiendo. Que esa maldita tarjeta negra no tenía límite y que podía gastar lo que quisiera, romperla, quemarla, destrozarla y él seguiría mirándola con esa misma sonrisa suya como si cada dólar que ella despilfarraba fuera solo otra forma de reclamarla.
—¿Cualquier cosa? —repitió ella con la voz baja, casi en un siseo. Dio un paso más hacia él desafiándolo, buscando enojarlo—. ¿Estás seguro de eso, Ivanov?
Zinoviy