11. Rota
Vasilisa había salido de su casa devastada.
Necesitaba olvidarse de todo.
Apartó con rabia lágrimas caía por sus mejillas y se subió a su auto conduciendo sin un lugar pensado hasta que se detuvo en uno de los clubs nocturnos de su jefe.
Se adentró en el lugar que no era como los que frecuentaba y se dejó caminar hasta la barra.
El vestido que Zinoviy le había regalado se adhería a su piel como una segunda capa de mentiras, ceñido a sus curvas de una manera que ahora le parecía obscena, sucia, un recordatorio de como él la había tocado, reclamado, follado hasta que su cuerpo gritaba su nombre.
¿Cómo no lo había visto? ¿Cómo había sido tan jodidamente ciega?
Nunca le prestaba atención a los nombres de criminales, ¿Qué iba a saber que el hombre que amaba era uno?
Su teléfono vibraba sin parar en su bolso y al ver el destinatario lo ignoró.
Cada llamada era un recordatorio de que había estado acostándose con un monstruo y que había querido estar con él para siempre. Y ahora sabía que es