La primera dosis fue en el café del martes a la mañana.
Valentina lo preparó ella misma, algo que no era habitual pero que tampoco era lo suficientemente inusual como para que Dante lo cuestionara, y cuando se lo dejó sobre el escritorio del despacho él lo tomó sin mirarla demasiado porque estaba revisando algo en la pantalla.
Lo tomó y siguió leyendo.
Valentina se sentó frente a él con su propio café y esperó.
El efecto de la versión de acción corta tardaba más en hacerse perceptible que la ve