Elena llegó a la mansión el sábado a las ocho en punto.
Mateo la esperaba en la puerta, lo cual era algo que no había planeado pero que resultó natural cuando escuchó el auto detenerse en el camino de entrada. Elena bajó con esa calma de siempre, miró la fachada un segundo sin que se le notara demasiado lo que estaba pensando, y caminó hacia él.
—Es grande —dijo.
—Sí lo es, bastante
—¿Creciste acá?
—Sí.
Elena asintió y siguió caminando. Mateo notó que no intentaba disimular que evaluaba el luga