—Quiero el divorcio.La voz de Valentina cortó el aire como un latigazo. Dejó caer la carpeta sobre la mesa con un golpe seco que resonó en las paredes de cristal del piso veinticuatro del Ferreira Group. Sus ojos ardían con determinación y años de frustración acumulada mientras miraba fijamente a Dante Ferreira.Él estaba de pie junto al ventanal, con Milán extendiéndose a sus pies como un reino que dominaba. Se giró lentamente, todavía con el teléfono en la oreja. Su expresión apenas cambió, pero el ambiente se volvió denso, casi asfixiante.Dante colgó sin despedirse y la observó en silencio. Un silencio pesado, cargado de electricidad.Se acercó a la mesa con pasos deliberados, abrió la carpeta y pasó las páginas con esa lentitud exasperante que siempre usaba como arma. Valentina permaneció de pie, rígida, sin apartar la mirada. Cuatro años le habían enseñado que con Dante, el primero que bajaba los ojos perdía.—Está bien —dijo él finalmente, cerrando la carpeta con calma letal.
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