Pasaron cinco días.
Mateo no le escribió en ese tiempo, como había prometido implícitamente cuando ella le pidió la semana. Lo que no esperaba era que fuera ella quien rompiera el silencio antes.
El mensaje llegó un jueves a las ocho de la noche.
¿Podemos vernos mañana?
Mateo lo leyó y respondió de inmediato.
Sí. ¿Dónde?
En el mismo restaurante. A las siete.
Mateo llegó primero, como siempre. Pidió agua y esperó sin revisar el teléfono, que era su manera de estar presente antes de que la otra p