Andrew llegó al hospital con el corazón hecho un nudo y un peso en el pecho que casi no lo dejaba respirar.
No sabía qué lo llevaba ahí exactamente: ¿coraje?, ¿desesperación?, ¿la necesidad de confirmar con sus propios ojos la magnitud de la mentira que Beatriz había tejido a su alrededor durante meses?
No lo sabía. Pero estaba ahí. Y estaba furioso.
Empujó la puerta de la habitación y la encontró sentada en la cama, ilesa, maquillada como si acabara de salir de una revista, sonriendo con un des