Cuando Stelle salió de la casa, apenas podía sostenerse en pie. Sus ojos estaban enrojecidos por el llanto que venía conteniendo desde hacía horas, y su pecho subía y bajaba con respiraciones cortas, desgarradas. Al ver a Travis esperándola en el porche, su corazón se rompió un poco más. Sin pensarlo dos veces, se lanzó a sus brazos.
Travis la estrechó con fuerza, confundido, alarmado por su estado.
—¿Dónde está Andrew? —preguntó ella entre sollozos, buscando su rostro, como si necesitara cualqu