Cuando por fin salieron del hospital y el médico confirmó que Amara estaba oficialmente dada de alta, algo dentro de ella se aflojó.
No fue una alegría explosiva, sino un cansancio profundo, de esos que llegan después de haber mirado de frente a la posibilidad de perderlo todo.
Caminó despacio, apoyándose ligeramente en Liam, sintiendo todavía el cuerpo frágil, como si cualquier movimiento brusco pudiera devolverla a aquella cama blanca, al olor, a desinfectante y al miedo constante.
La llevaron