Un mes después.
El tiempo había pasado con una lentitud engañosa. No había traído respuestas absolutas, ni cierres perfectos, pero sí una especie de tregua. Amara lo supo por terceros, casi como se saben las cosas que ya no duelen igual: Hannah había regresado a su ciudad natal, lejos, con su bebé en brazos y una vida nueva intentando nacer entre las ruinas de la anterior.
Amara no sintió alivio, ni rencor, ni satisfacción. Solo un cansancio hondo, antiguo.
Esperó no volver a verla jamás. No por