Stelle caminaba sin rumbo por el pasillo blanco del hospital, sintiendo que cada paso era una puñalada más a su corazón. El aire parecía espesarse a su alrededor, como si el mismo mundo se encogiera para aplastarla. No podía respirar. No quería respirar.
Todo lo que había ocurrido minutos atrás la envolvía como un torbellino oscuro del que no podía escapar. Era una locura… la peor de sus pesadillas tomando forma frente a sus ojos.
Había prometido mantenerse fuerte, enfrentar cualquier cosa con la frente en alto, pero ese día la vida la había tomado por sorpresa de la manera más cruel. Su pecho ardía, su garganta se cerraba; su mente repetía una y otra vez el momento que lo destruyó todo.
Era demasiado. Su visión comenzó a nublarse, los colores desaparecían… y entonces, de pronto, sintió un fuerte mareo que le hizo tambalear. Sus piernas cedieron.
Iba a caer.
Pero no tocó el suelo.
Unas manos firmes la atraparon justo a tiempo, sosteniéndola por los brazos con gentileza y desesperación.