Mundo ficciónIniciar sesiónSophie Robinson es una joven obligada a abandonar la aparente estabilidad de su vida cuando acepta un traslado laboral hacia Charleston, una ciudad montañosa, fría y envuelta en leyendas oscuras que parecen respirar entre la niebla. Lo que inicia como una decisión forzada por la necesidad económica pronto se transforma en una experiencia inquietante: Charleston no solo es un lugar aislado y sombrío, sino un espacio donde las miradas pesan, los silencios advierten y nada es exactamente lo que aparenta. Desde su llegada, Sophie se siente observada, vulnerable, atrapada entre la precariedad de su situación personal y la hostilidad implícita de la ciudad. La posada donde se hospeda, la mansión que domina la montaña y la gran factoría donde trabaja funcionan como escenarios simbólicos de un mismo encierro: todos guardan secretos antiguos y presencias que desbordan lo humano. En ese contexto emerge Valentín Von Strudel, el enigmático CEO de la factoría, un hombre de belleza perturbadora y carácter impenetrable, cuya sola cercanía despierta en Sophie una mezcla contradictoria de terror y atracción. Ella no entiende por qué lo sueña antes de conocerlo, ni por qué su cuerpo reacciona a él con una intensidad que desafía su lógica y su miedo más profundo.
Leer más—Sophie, tu traslado está listo.
Una enorme carpeta llena de papeles cayó sobre el escritorio de Sophie, sacándola de sus pensamientos. La idea de salir de su zona de confort la hacía estremecer. Aunque no tenía a nadie en esa enorme ciudad donde trabajaba, la perspectiva de irse a trabajar a Charleston le daba escalofríos.
—¿Y si digo que no quiero aceptarlo? ¿Qué pasaría? —le reprochó Sophie a su jefe inmediato.
—En el momento en que firmaste tu contrato dijiste que estabas dispuesta a viajar. Además, tienes dos opciones: quedarte sin empleo o irte para allá. Allí hay posibilidad para una persona con tu perfil; aquí no.
La voz de su jefe fue cortante y fría. La empresa donde trabajaba como asistente pasaba por una quiebra inminente; los directivos estaban tratando de reubicar a los empleados. Ella tuvo suerte, pues fue de las pocas que aún quedó con un puesto.
Pero para su desgracia, a ella le había tocado irse al lugar más frío y oscuro del país. Aunque, qué más daba.
Sophie alistó sus pocas pertenencias y, al día siguiente, tomó un tren hasta allí.
Charleston es una pequeña ciudad ubicada en las montañas, rodeada por un espeso bosque y un clima frío y neblinoso. La ciudad tiene una historia rica y oscura, llena de leyendas de vampiros y criaturas sobrenaturales.
Eso era lo que más aterraba a Sophie: que tal vez esas leyendas fueran verdad. No se imaginaba ser devorada por una legión de vampiros y que su pobre cuerpo yaciera frío y seco en algún sitio desconocido. Esa muerte no era algo que quisiera para ella.
Sophie es una joven de veinticinco años, de tez clara y cabello castaño oscuro. Tiene ojos grandes y expresivos de color avellana y una sonrisa tímida que rara vez se muestra. Es una mujer inteligente y trabajadora, con una personalidad reservada pero curiosa.
Lo que quedaba de su salario lo había destinado para pagar la posada donde pasaría los días mientras estaba en Charleston: una casona grande y antigua, con varias habitaciones disponibles para la renta a forasteros.
María era la casera. Le había dejado un bello cuarto por recomendación del jefe de Sophie, uno con vistas a la oscura montaña.
—Mira, niña, aquí tienes la llave de tu habitación. Tienes derecho a la cocina y al baño comunal. Tu tiempo de ducha no debe durar más de diez minutos porque acabarías el agua caliente para los demás. Debes guardar tu comida y todas tus cosas en tu habitación; aquí no te respondo por nada.
—Gracias. Trataré de comer cosas rápidas. ¿Podría decirme dónde queda la gran factoría? Debo presentarme a trabajar mañana en ese lugar.
—¿En la gran factoría? ¿Qué harás en ese lugar, muchacha? —María le preguntó algo confundida; sus ojos estaban llenos de terror.
—Pues seré una asistente administrativa, María —Sophie le respondió con resignación—. ¿Por qué me lo pregunta con esa cara de pánico? ¿Pasa algo que yo deba saber?
—No, solo una recomendación: veas lo que veas, solamente guarda silencio. En esta ciudad se rumorean algunas cosas paranormales que, a decir verdad, no sé si serán ciertas, pero ten cuidado.
Cuando Sophie escuchó las palabras de su casera, sintió como un profundo escalofrío recorrió su cuerpo, pero prefirió pensar que todo lo que se rumoreaba y se decía no era más que fantasía.
Al caer la noche, su habitación le daba la vista a la enorme montaña. En lo alto de ella se veía una preciosa mansión, poco iluminada; parecía más bien un antiguo castillo que había sido modificado modernamente.
Sus ojos se quedaron viendo fijamente aquel oscuro lugar. Sintió como un mágico sentimiento se posó sobre ella. Cerró los ojos y por su mente pasó la imagen de un hombre hermoso, pero pálido y con la piel helada; sus ojos eran rojos y su sonrisa, maquiavélicamente blanca.
Abrió los ojos de repente y, despavorida, corrió la cortina de su ventana.
—Esto debe ser una broma —se repetía varias veces.
Aunque su primera noche no fue la mejor, se levantó temprano para cumplir su deber. Debía trabajar para comer y pagar el asilo de su madre, una mujer que se había enloquecido cuando Sophie era tan solo una niña, dejándola sola a su suerte y con una carga más.
Era muy temprano. El frío de Charleston le calaba los huesos y, aunque ya eran las ocho de la mañana, la ciudad estaba casi oscura. Ahora comprendía por qué le llamaban así y por qué sus habitantes estaban tan pálidos: la luz del sol era algo que no volvería a ver en un buen tiempo.
Cuando estuvo frente a la gran factoría, se dio cuenta de que era un lugar demasiado lujoso, mucho más que su antiguo lugar de trabajo: un enorme edificio color ceniza que hacía juego perfecto con la ciudad, grandes ventanales polarizados y puertas metálicas. Cuando cruzó la primera, automáticamente sintió un terrible frío; era algo con lo que se debía acostumbrar a vivir.
—Buenos días, señorita. ¿En qué puedo ayudarle? —Una joven mujer en la recepción la recibió. No era diferente a los demás: su rostro era pálido y blanco; su traje oscuro estaba simplemente adornado con un pañuelo rojo en el cuello.
—Hola, soy la nueva asistente administrativa. Me llamo Sophie Robinson.
—Ah, sí, la estábamos esperando. Sígame, por favor. Sus funciones serán las mismas que en su antiguo puesto de trabajo. Debe ponerse al día con las cosas de la factoría, pero estamos completamente modernizados. En su puesto de trabajo ya tiene toda la información que necesita.
La recepcionista le iba explicando a Sophie qué tenía que hacer mientras la llevaba a su oficina: un hermoso puesto de trabajo, un escritorio, una laptop último modelo y lo suficiente para no perder la cordura en tan frívolo lugar.
Sophie ya llevaba una semana trabajando en la gran factoría. Solamente se había relacionado con otra chica que trabajaba junto a ella: Gloríe, quien se estaba convirtiendo en algo así como una amiga.
—Sophie, ¿vamos a ir a comer? Muero de hambre.
—Gracias, Gloríe, sí, vamos, por favor. Este frío hace que mi estómago quiera devorarse un elefante entero.
—¡Pero qué dices, mujer! Vamos, el ascensor está por llegar.
Ambas esperaron a que el ascensor se detuviera en su piso. Venía de lo más alto de aquel rascacielos. Se rumoreaba que a los últimos pisos nadie subía, pues allí estaba la gran oficina del jefe superior y, por una extraña razón, jamás permitía que alguien se le acercara.
Cuando el ascensor se detuvo, las puertas se abrieron frente a sus ojos. Aunque Gloríe ya había vivido esa escena, para Sophie era completamente nueva. Un hombre alto, rubio, de ojos grises y labios rojos, con una apariencia de unos treinta años, vestido con un fino traje oscuro y con una fragancia exquisita que inundaba el lugar, estaba frente a ellas.
Sophie estaba completamente incrédula. Se quedó petrificada en la entrada del elevador cuando lo vio. Se trataba del mismo hombre que días atrás había aparecido en sus visiones, solo que vestido diferente.
—Buenos días, señoritas —la gruesa voz de Valentín las saludó.
—Buenos días, señor Von Strudel —Gloríe respondió al saludo, mientras que, sorprendida, se quedó viendo cómo Sophie parecía hechizada.
—Sophie, ¿estás bien? Debemos irnos. ¡Sophie!
Un grito de Gloríe la sacó de sus pensamientos. Ella se subió al lado de su amiga en el elevador. Apenas pasó por el lado de Valentín, una sensación de pánico invadió su ser. No comprendía por qué sentía esa extraña presión.
Llegaron al primer piso y él simplemente se fue; parecía que hubiera desaparecido, mientras ellas continuaban con sus planes de ir a almorzar.
—¿Quién es ese hombre? —Sophie le preguntó a Gloríe.
—¿Cómo que quién es ese hombre? Es el gran CEO de la factoría. Fuiste muy descortés con él. Por fortuna, él poco menciona palabras. Yo llevo trabajando aquí hace algunos años y está igual de perfecto desde que lo recuerdo. Se rumorean muchas cosas sobre él, pero ya sabes cómo es: pueblo pequeño, infierno grande.
—¿Qué se rumorea? Dime, Gloríe —Sophie estaba aterrada en ese momento. Lo que menos le gustaría escuchar era que su jefe era un vampiro.
—Dicen que Valentín Von Strudel es un miembro de una familia de vampiros muy antigua y poderosa que se ha establecido en Charleston durante siglos. Y se rumorea que ha tenido muchos encuentros apasionados con humanas a lo largo de los siglos. Su presencia en la ciudad ha sido fundamental para mantener el equilibrio entre los vampiros y los humanos en Charleston. Aunque, a este tiempo, yo llevo viviendo diez años aquí y jamás he visto un solo vampiro —Gloríe subió los hombros y hizo un gesto de resignación.
—¿Eso no es verdad?
—No creo. Deben ser solo rumores, querida. Ven, vamos a comer. Muero de hambre.
Sophie quedó completamente confundida. Ni siquiera pudo comer tranquila. La mirada de Valentín se había impregnado completamente en ella. Era un hombre envuelto en una divinidad casi extraterrestre, se podría decir que infernal. Eso la asustaba de una manera que no podía explicar. Lejos estaba de imaginar de quién se trataba ese misterioso hombre que ya se había aparecido ante sus ojos anteriormente.
Dos siglos habían transcurrido desde que Valentín y Sophie dejaron atrás Charleston y emprendieron un nuevo camino en busca de aventuras y nuevos horizontes. El mundo había cambiado en innumerables formas, pero su amor y legado perduraban en las memorias de aquellos que alguna vez habitaron la ciudad.En medio de un prado verde y frondoso, Aisha, ahora una mujer adulta y poderosa vampira, exploraba el mundo que se extendía ante ella. Sus ojos centelleaban con una curiosidad inagotable, heredada de sus padres, mientras se adentraba en el bosque que rodeaba aquel lugar.De repente, un susurro se hizo presente en la brisa, como si el viento mismo llevara un mensaje. Aisha detuvo su paso, buscando la fuente de aquel sonido. Entonces, entre los árboles, apareció un joven apuesto y fuerte, con ojos penetrantes y una sonrisa cautivadora.Era Lycan, el hijo de Elian y Mía, un licántropo que había heredado la ferocidad y nobleza de su linaje. Aisha y Lycan se miraron fijamente, como si el tiem
El sol se ponía en el horizonte, bañando el cielo con tonos dorados y rosados. Valentín y Sophie se encontraban en el jardín de su hermosa mansión, rodeados de flores y susurros del viento. Aisha, su hija que, a pesar de tener tan solo dos años, aparentaba tener diez, jugaba despreocupada cerca de ellos, irradiando la misma belleza que su madre.Dos años habían pasado desde la guerra en Charleston. Los escombros habían sido reemplazados por la reconstrucción, y la paz había vuelto a la ciudad. Valentín y Sophie sabían en su corazón que habían cumplido su misión allí, y ahora era el momento de comenzar una nueva etapa en sus vidas.Sophie acariciaba suavemente su vientre abultado. Aunque los vampiros no solían embarazarse, un milagro había ocurrido, y ella estaba esperando otro hijo. Era un recordatorio constante de la magia y el amor que los envolvía.Se miraron el uno al otro, con los ojos llenos de amor y gratitud por todo lo que habían superado juntos. Valentín tomó la mano de Soph
En una noche llena de misterio y encanto, Lestat y Lea se encontraron en un antiguo castillo rodeado de ruinas y susurros del pasado. Las sombras danzaban a su alrededor, como si el universo mismo estuviera celebrando su unión.Lestat tomó la mano de Lea y sus ojos se encontraron, irradiando una complicidad única. —Lea, mi amada compañera de eternidad, hemos compartido momentos mágicos y aventuras inolvidables. Cada instante a tu lado ha sido un regalo. Quiero pasar el resto de mi existencia junto a ti.Lea sonrió, sus ojos centelleantes con la promesa de un amor eterno. —Lestat, has iluminado mi vida de maneras que no puedo describir. Tu pasión y valentía me han enseñado a apreciar cada segundo de nuestra existencia inmortal. Estoy lista para sellar nuestro compromiso en esta noche de ensueño.En ese momento, el viento susurró palabras de amor y las estrellas brillaron aún más intensamente. Los dos vampiros se abrazaron, envueltos en un resplandor mágico que parecía fundir sus alma
Sophie y Valentín no pudieron aguantar las ganas de estar a solas, así que, ni siquiera habiendo terminado la reunión, abandonaron a los invitados. En menos de dos segundos ya estaban en su mansión. Por fortuna para ellos, su pequeña hija —que ya no lo era tanto— había hecho amigas humanas y estaba pasando con ellas una noche de pijamas.Valentín comenzó a besar a Sophie con pasión. Ella empezó a gemir sin ningún reproche; llevaba mucho tiempo sin estar a solas completamente con él, así que aprovechó para desahogar todos sus deseos. Ambos se encontraban en su gran habitación de la mansión de los Von Strudel.Sophie se desnudó lentamente frente a los ojos de su amado, quien la miraba con deseo puro. Desde que ella se había convertido en vampiro, sus momentos de intimidad se habían vuelto realmente mágicos, mucho más intensos de lo que eran antes.Cuando la vio completamente desnuda, Valentín también se desnudó con lentitud frente a ella, mostrándole que estaba completamente listo para
Después de la guerra en Charleston, la ciudad y sus habitantes estaban en ruinas. Los edificios estaban destrozados, las calles cubiertas de escombros y la energía del lugar era sombría y desoladora. Sin embargo, en medio de la devastación, la esperanza comenzó a surgir.Gary, el valiente alfa de los lobos, se acercó a los supervivientes que habían decidido irse con él y les ofreció refugio en su territorio. Muchos aceptaron su oferta y, bajo su liderazgo, comenzaron a reconstruir sus vidas y la ciudad que tanto amaban.El trabajo fue arduo y desafiante. Día tras día, los habitantes de Charleston se unieron en una muestra de solidaridad y resiliencia. Juntos, levantaron los escombros, reconstruyeron los edificios y devolvieron el esplendor a cada rincón de la ciudad.Elian, a pesar de ser un licántropo exiliado, había sido un gran aliado en la guerra y se unió a los esfuerzos de reconstrucción. A pesar de su pasado tumultuoso, había encontrado un propósito en ayudar a los demás y enme
Valentín estaba sumido en un llanto profundo, consumido por la tristeza al ver cómo Sophie se desvanecía entre sus brazos. Con delicadeza sacó la daga que tenía clavada en medio del pecho y observó cómo brotaba la sangre oscura de su interior.De repente, a su lado apareció una figura blanca con rostro nostálgico y ojos tristes: una mujer muy parecida a Cleopatra, pero con facciones más marcadas.—Hola, Valentín. Esto ha sido mi culpa.Valentín levantó la cabeza, incrédulo ante la voz que escuchaba. Sus ojos estaban empañados por las lágrimas.—¿Qué haces aquí, Alice?—Intentando devolver a Brenda al mundo donde pertenece. Pero sin un cuerpo físico es imposible. Te ayudaré con Sophie.Alice posó sus manos sobre el pecho de Sophie y comenzó a moverlas sobre la herida. Ella empezó a reaccionar un poco, pero seguía demasiado débil; así no podría seguir enfrentando a Brenda.—Sophie, mi amor… ¿estás bien? —Ella asintió con la cabeza y, con las pocas fuerzas que le quedaban, tomó a Valentí
Último capítulo