La ambulancia llegó con el ulular desesperado de la sirena rompiendo el aire, un lamento agudo que parecía anunciar una tragedia que se negaba a terminar.
El sonido se incrustó en los oídos de Liam como un martillo, marcando cada segundo con una urgencia cruel. No lo pensó dos veces. Subió con ella, impulsado por un miedo primitivo que le apretaba el pecho hasta dolerle. El corazón le golpeaba con furia, desbocado, como si intentara escapar de su cuerpo.
Las luces blancas del interior lo cegaban