Tan cerca pero tan lejos.
Cuando llegaron al West Palace Málaga, la entrada ya estaba custodiada por cámaras y empleados del hotel alineados con precisión milimétrica, un recibimiento calculado que parecía coreografiado para impresionar.
El edificio se alzaba como una joya blanca frente al mar, con la fachada de mármol y vidrio que destellaba bajo la luz del atardecer y columnas que imponían respeto, como si fuese un templo moderno dispuesto a desafiar al tiempo y a cualquiera que lo mirara.
—Impresionante —murmuró Gabri