Efecto mariposa.
Gabriel se acercó a Isabella y le ofreció discretamente su brazo, conteniendo en su interior el arrebato de un deseo que lo empujaba a estrecharla y besarla allí mismo.
Se obligó a mantener la calma, porque sabía que aún no era el momento de exponer lo que los unía frente a todos.
Isabella apoyó su mano en su brazo con un gesto natural y, juntos, comenzaron a atravesar el pasillo hacia la salida.
Cada paso era una liberación para ella, que respiraba profundamente, sintiendo cómo el peso de los