Victoria.
El hospital era un hervidero de voces, pasos apresurados y órdenes cortantes que resonaban en los pasillos como tambores de guerra.
Las luces blancas se multiplicaban en las paredes frías, mientras los médicos y enfermeras rodeaban a Isabella, que comenzaba a quejarse con jadeos entrecortados, sintiendo cómo cada contracción la acercaba más al límite.
Estaba a nueve de dilatación y el momento había llegado, ese instante que había imaginado con temor y esperanza al mismo tiempo.
Gabriel no se ap