El final de nuestra historia.
En la entrada de la notaría, una multitud se aglomeraba como un río humano agitado y ruidoso, moviéndose con la ansiedad de quien presiente que está a punto de presenciar un acontecimiento irrepetible.
Periodistas, fotógrafos y curiosos se empujaban unos a otros, alzando cámaras y celulares en busca de la mejor toma.
Los flashes estallaban como relámpagos, iluminando rostros expectantes y pancartas con titulares amarillistas que hablaban del escándalo Moretti-Deveraux.
Dentro de la lujosa camio