Julieta se quedó inmóvil frente a la mesa, sin saber si avanzar o retroceder. El corazón le latía con fuerza, no solo por su embarazo sino por la tensión del momento. Aquella escena la conmovía, pero se obligó a mostrarse malhumorada. Era más seguro mantener la máscara que dejarse arrastrar por la nostalgia.
El comedor estaba en penumbra. Las velas dibujaban sombras titilantes sobre la pared y el mantel blanco parecía una isla en medio de un mar oscuro. Los cubiertos relucían, pero aquel brillo