Su corazón dio un salto al ver el rostro frente a ella.
Una oleada de calor la recorrió de pies a cabeza. Frente a ella, con los ojos abiertos como si el mundo se hubiera detenido, estaba Kenji.
Por un instante, el ruido de la ciudad desapareció. Las voces, los pasos, la música… todo se desvaneció, solo existía él.
Los ojos de Kenji, cargados de una emoción contenida, la miraban como si no pudiera creer que estaba viva.
Julieta sintió un vacío extraño en el pecho, una mezcla de vértigo y famili