Había pasado una semana desde que Julieta despertó en aquella cabaña, rodeada de silencio y de un hombre que juraba ser su esposo.
Markus la cuidaba con devoción, le hablaba con dulzura y se esforzaba en cada gesto por ganarse su confianza, pero Julieta no lograba sentirse en paz.
Cada mañana despertaba con la sensación de que algo no encajaba, como si su vida estuviera hecha de fragmentos que no pertenecían al mismo rompecabezas y, aunque Markus la colmaba de atenciones, flores y palabras dulc