El aire dentro de la cabaña era espeso, cargado de pólvora y respiraciones agitadas.
El tiempo parecía suspendido entre los tres cuerpos que dominaban la escena.
Markus sostenía el arma con el brazo firme, apuntando directamente a la frente de Kenji.
Kenji, con los ojos inyectados de rabia y desesperación, le devolvía el gesto con su pistola alineada al centro del rostro de Markus.
Entre ellos, Julieta permanecía inmóvil, el pecho subiendo y bajando con fuerza, intentando procesar la magnit