Dormí mal. O tal vez no dormí en absoluto. Cerré los ojos, sí, pero mi mente no dejaba de repasar una y otra vez esa frase: "Recibí una pista. Sobre Gabriele." Como si repetirla pudiera convertirla en certeza o desmentirla de una vez. Pero no, ahí seguía. Flotando en mi pecho como un peso demasiado grande.
Apenas amanecía cuando escuché pasos en la cocina. Bajé aún en pijama, con el pelo atado en un nudo improvisado. Salvatore ya estaba vestido, de pie, junto a Fyodor, con una expresión que no d