La noche se estiraba como una sombra interminable.
Habían pasado ya más de cinco horas desde que crucé la puerta de casa, y seguía sin poder respirar con normalidad. El cuerpo me dolía entero, no solo por las heridas que traía encima, sino por la tensión que me devoraba los nervios desde dentro. Sentía el peso del bebé en mi vientre, recordándome a cada momento que debía cuidar de él… pero ¿cómo podía hacerlo cuando mi alma estaba allá afuera, corriendo entre la oscuridad, persiguiendo a un fan