La calma que siguió a la reunión fue la más inquietante que había experimentado. Era el silencio cargado de la naturaleza antes de un huracán, un aire pesado y estático que prometía devastación. Cada hora que pasaba sin que Roxana diera la señal de "preparados" era un alivio y una tortura. La tregua con Tomás se mantenía, un armisticio incómodo pero necesario. Compartíamos el espacio, a veces incluso una comida, con la conversación girando en torno a logística, protocolos, cualquier cosa que no