El día se asentó en el living con esa luz que suaviza los bordes. Tomás dormía a intervalos, respiración pareja, el vendaje sosteniendo el costado como si fuese una mano. Cambié la taza tibia por otra y revisé el cierre de la ceja: limpio, sin sangrado. Las cosas pequeñas en su sitio me calman. También me recuerdan que el mundo grande no está en mis manos, y aun así lo toco.
El teléfono vibró con un correo anodino de RR.HH.: actualización de formularios. No habría prestado atención si la cadena