El verano estaba llegando. Lo sabía por el sol más alto, por el calor que se filtraba a través de los ventanales de la casa como un invasor sutil, y por el simple hecho de que ya no tenía qué ponerme que no me asfixiara.
Claro, podría haber pedido ropa a domicilio. Una llamada, una asistente y asunto resuelto. Pero esa mañana desperté con la necesidad de ver mundo. Aunque fuera un centro comercial. Aunque fuera con él.
-¿Estás ocupada esta tarde? -preguntó Nikolay mientras hojeaba un informe en