Desperté con la sensación de que algo había cambiado. No sabía exactamente qué, pero el aire en la habitación se sentía más denso, como si las paredes hubieran presenciado algo que yo había olvidado. Pero no había olvidado nada. Recordaba perfectamente el beso. El calor de los labios de Matías. El cosquilleo en la espalda cuando me sujetó del brazo. Y, sobre todo, recordaba su pregunta: "¿Por qué me seguiste el beso si estás casada?"
Me vestí sin prisa. Escogí una camiseta sencilla y un pantaló