CAPITULO 32

El pasillo estaba en penumbra. Me apoyé contra la pared, como si mi espalda necesitara algo sólido para sostenerse.

-¿Qué quieres ahora? -pregunté en cuanto contesté, sin saludar, sin suavizar.

-¿Has pensado lo que te dije? -La voz de mi padre sonaba igual que siempre: arrogante, seca... como si tuviera el derecho de pedirme algo después de todo.

-He pensado en cómo harías envejecer mejor si te callaras de una vez.

-Bianca...

-No soy un objeto -seguí-. No soy una ficha que puedes mover en tu ta
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