Las noticias llegaron antes que él.
No lo vi hacerlo. No escuché el disparo. No hubo gritos ni cuerpos arrastrados por la lluvia.
Solo supe que Nikolay lo había hecho cuando lo sentí entrar en casa más liviano. No en peso, claro. En energía.
Ese tipo de calma… solo le seguía a una tormenta.
—¿Estaba muy lejos? —pregunté desde el sofá, sin mirarlo, con la taza de té entre las manos como si fuera domingo.
—Lo suficiente para no volver.
Me giré justo para verlo colgar su chaqueta y dejarla sobre l