CAPITULO 18

La puerta seguía cerrada.

Yo seguía ardiendo.

Sentada en la cama, con los puños aún temblando de la rabia, miré a Nikolay de pie junto a la puerta, estático. Como si contenerse le costara más de lo que quería admitir.

Me levanté de un salto.

-¿No vas a decir nada? -le espeté-. ¿Ni una sola palabra después de lo que ha pasado ahí abajo?

Él no se movió.

-¿Qué quieres que diga?

-¡No lo sé! ¡Algo! ¿Te parezco una loca ahora? ¿Eso soy para ti?

Nikolay alzó la mirada, esa que usaba para intimidar a m
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