La cena transcurría en un silencio que no era del todo incómodo, pero sí tenso. El comedor estaba iluminado solo por las lámparas laterales, proyectando sombras largas sobre la mesa. Nikolay, como siempre, comía en silencio, con los modales pulidos de quien está acostumbrado a tener el control incluso en lo más cotidiano.
Yo, frente a él, trataba de no mirar demasiado, de no pensar demasiado. Hasta que Natalia apareció, con un vestido negro ajustado que claramente no era parte del uniforme habi