El silencio era tan espeso que incluso la respiración sonaba como un eco prohibido.
Las luces de emergencia parpadeaban en intervalos irregulares, tiñendo de rojo las paredes metálicas del corredor.
Afuera, el Consejo aún los buscaba, pero esa habitación abandonada, una vieja sala de almacenamiento cubierta de polvo, era el único refugio que habían encontrado por ahora.
Livia dormía en el rincón, envuelta en una manta rota. Isela, en cambio, dormía junto a la pared, con la cabeza recostada en l