Sin Máscaras.
Viktor no apareció como un hombre, apareció como una certeza.
Las pantallas se activaron una tras otra, sin prisa, como si el sistema mismo le cediera el espacio.
La iluminación cambió apenas, lo suficiente para volver el ambiente más frío, más clínico. El punto ciego respondió con una vibración baja, constante, como un animal que reconoce a su dueño.
Isela sintió el impacto antes de escucharlo.
—De verdad creí que durarías más —dijo Viktor, finalmente, su voz modulada con una calma casi amable