Mundo ficciónIniciar sesiónChristopher Bryant siempre consigue lo que quiere. Por eso, cuando le propone a Cassadee McKay un matrimonio por conveniencia, ella hace todo lo posible por evitarlo. Sin embargo, tras una dolorosa decepción amorosa, termina aceptando, convencida de que Christopher solo busca cumplir la última voluntad de su padre y asegurar la presidencia del Grupo Bryant. Decidida a liberarse del control de su familia, Cassadee ve en ese acuerdo la oportunidad de tomar las riendas de su vida, pero lo que comienza como un simple contrato pronto se convierte en un peligroso juego de orgullo, deseo y emociones que ninguno de los dos esperaba. Mientras la atracción crece y las reglas empiezan a romperse, una verdad oculta amenaza con destruirlo todo. Porque algunos matrimonios nacen de un contrato y otros de una mentira capaz de cambiarlo todo. . . SERIE: HERMANAS MCKAY 1. Entre Venganza & Seducción 2. Entre Contratos & Deseos 3. ¿? 4. ¿?
Leer más*—Christopher:
—¿En serio vas a hacerlo? —preguntaron, la voz irrumpiendo en la oficina sin previo aviso.
Christopher Bryant levantó lentamente la cabeza de la pantalla de su computadora, como si aquel comentario no tuviera la menor urgencia. Sus dedos dejaron de deslizarse sobre el teclado y arqueó una ceja al ver a su hermano mayor de pie frente al escritorio.
Robert Bryant respiraba agitadamente, el pecho subiendo y bajando con fuerza, como si hubiera subido varios pisos corriendo o acabara de salir de una discusión violenta.
Una sonrisa lenta, casi peligrosa, apareció en los labios de Christopher, quien cerró el informe financiero que estaba revisando y entrelazó las manos sobre el escritorio de caoba oscura antes de mirarlo directamente.
—¿De qué hablamos exactamente? —preguntó con falsa inocencia, aunque sabía perfectamente de qué hablaba, solo no pensaba darle esa satisfacción.
—¡De tu compromiso con esa chica! —exclamó Robert, incapaz de contenerse.
Ah. Así que la noticia ya había comenzado a circular.
Eso era interesante.
La conversación sobre el compromiso había ocurrido en privado entre su padre y él, en el despacho familiar de la casa familiar de los Bryant. No había sido una discusión larga, más bien una negociación silenciosa entre dos hombres que entendían perfectamente el peso de ciertas decisiones.
Christopher ya había elegido y había elegido con mucho cuidado, pero todavía no había movido las piezas en público. Aún no. Primero necesitaba que todo estuviera perfectamente preparado, como llevaba años haciendo.
—¿Acaso estás celoso, hermanito? —preguntó Christopher con un tono casi burlón—. Nuestro hermano Max se casó y ahora yo voy a seguir sus pasos. Lo que significa que tú, siendo el mayor, te estás quedando atrás. Bastante deprimente, si lo piensas bien.
Robert apretó los puños con tanta fuerza que los nudillos se volvieron blancos. Sus ojos azules, los mismos que compartían todos los Bryant, lo atravesaron con una mirada helada que parecía querer abrirle la piel, pero Christopher estaba acostumbrado.
Lentamente, Christopher se puso de pie con calma.
El gesto fue elegante y natural: tomó los bordes de su chaqueta de traje hecha a medida y la acomodó con un movimiento suave antes de abotonarla, ese pequeño ritual silencioso de los hombres que han pasado demasiado tiempo en salas de juntas y negociaciones. Luego rodeó el escritorio con pasos tranquilos hasta quedar frente a su hermano.
Robert aún parecía a punto de explotar y Christopher, en cambio, parecía completamente relajado.
Se iba a dejar de rodeos.
—Escucha con atención —dijo finalmente con voz baja—. No te metas en mi camino, a mi no me importa que seas mi hermano. Y si te atraviesas, te voy a arrollar y voy a hacer que desaparezcas —expresó Christopher, y no lo dijo con rabia, lo dijo con absoluta serenidad y eso lo hacía mucho peor.
Robert sostuvo la mirada unos segundos más antes de hablar de nuevo.
—No voy a permitir que les hagas daño a los McKay.
Chris inclinó ligeramente la cabeza, como si estuviera procesando una frase particularmente absurda.
—¿Hacerles daño? —repitió, arqueando sus oscuras cejas—. Eso no está en mis planes —murmuró encogiéndose de hombros con una calma casi teatral—. Solo voy a casarme con esa chica y seré el hombre más feliz del mundo —dijo y la mentira flotó en el aire entre ellos y ambos lo sabían.
—Deja de fingir —escupió Robert, golpeando el escritorio con las manos—. ¡Sé perfectamente cómo eres, Chris! Apártate ahora antes de que…
Christopher lo interrumpió con un paso adelante.
—¿Antes de qué? —preguntó sin levantar la voz, pues no lo necesitaba, su mera presencia era ya intimidante. Robert podía ser el mayor, pero siempre había sido el cordero de la familia, el que dudaba, el que retrocedía, el que nunca terminaba lo que empezaba.
Robert era un fracaso y si creía que su start-up de seguridad iba a posicionarse en el mercado, estaba muy mal. Iba a lamentar el día en que le dio la espalda a la familia. Y Maximilian, su segundo hermano, también. Había abandonado ambiciones, proyectos, todo por amor. Ambos habían huido de los planes familiares como un soldado desertor.
Christopher soltó una pequeña risa sin humor.
—Estoy rodeado de traidores —dijo con desdén—. Pero no te preocupes, la tercera es la vencida. Ustedes dos fallaron, pero yo no —Christopher alzó el mentón—. Yo voy a ser quien cumpla la promesa y voy a llevar a esta familia a la gloria.
Robert abrió la boca, la cerró, volvió a abrirla, pero no salió ninguna respuesta. Su rostro se había vuelto rojo por la rabia contenida. Durante unos segundos pareció que iba a decir algo más o tal vez hacer algo. Sin embargo, no lo hizo.
Simplemente se dio la vuelta y salió de la oficina con pasos furiosos, cerrando las enormes puertas dobles de caoba con tanta fuerza que Christopher pensó que las bisagras cederían.
El silencio regresó al despacho y Christopher soltó un pequeño suspiro.
—Cobarde —murmuró.
Si hubiera sido otro hombre, habría intentado detenerlo, habría intentado arruinar sus planes. Quizás habría hecho algo más que hablar, pero Robert Bryant siempre ha sido así. Un hombre de palabras, nunca de acciones.
Christopher volvió a su escritorio con calma, desabotonándose la chaqueta antes de tomar asiento nuevamente. Una sensación de anticipación vibraba en su pecho, como si algo grande estuviera a punto de comenzar.
Su mano se movió hacia el ratón inalámbrico del ordenador. Abrió su bandeja de entrada y buscó un correo en particular. Lo encontró enseguida y el asunto era corto, y muy directo: Informe – Cassadee McKay.
Christopher abrió el mensaje y bajó hasta el final, donde estaban los archivos adjuntos. Un informe breve y preliminar de la mujer con la que pronto iba a comprometerse para casarse, donde había fotos, demasiadas fotos.
Hizo clic en la primera.
En la pantalla apareció la imagen de una chica caminando por una calle comercial, con una sudadera demasiado grande y una bolsa de una marca reconocida de cosméticos en la mano. Pasó a la siguiente. En otra fotografía estaba sentada en una cafetería con unas amigas, riéndose de algo fuera de cámara. En otra más estaba frente a un espejo, grabándose con el celular.
Nada espectacular. Nada que un hombre como él normalmente miraría dos veces.
Christopher apoyó un codo sobre el escritorio y observó la imagen con atención.
Si, definitivamente no era el tipo de mujer que solía elegir, pero tampoco la estaba eligiendo por eso. Además, debía decir que se veía algo interesante.
—Cassadee McKay —susurró Christopher el nombre de la dama en la foto y sus dedos tocaron suavemente la pantalla.
Ella era una pieza, una llave, y tal vez incluso algo más.
Christopher cerró la foto lentamente, aunque la sonrisa que apareció en sus labios tenía muy poco que ver con romance.
—Pronto nos conoceremos —murmuró al aire, pero era más una promesa que una simple frase lanzada al vacío.
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¡Hola!
Si alguna vez leíste Amor por Contrato aquí en Buenovela, quizás te preguntes por qué esta historia te resulta familiar. La respuesta es sencilla: esta es una nueva edición de esa novela.
Hace algunos años publiqué Amor por Contrato y, en su momento, fue una historia muy querida por muchos lectores. Sin embargo, con el paso del tiempo me di cuenta de que había muchas cosas que ya no representaban mi forma de escribir. La línea temporal no encajaba con la precuela, había situaciones que hoy habría desarrollado de una manera muy diferente y, sobre todo, sentía que la historia merecía una evolución acorde con la escritora en la que me he convertido.
Por esa razón decidí reescribirla casi por completo. Encontrarán escenas que recordarán de la versión original, otras que fueron modificadas y muchas completamente nuevas. Aunque el camino cambie, la esencia de la historia permanece: un romance que nace en medio de un conflicto, personajes que tendrán que superar muchos obstáculos y momentos que quizá los hagan dudar de si realmente habrá un final feliz.
Pero ya me conocen… aquí creemos en el amor y en los finales felices.
Espero que disfruten esta nueva versión tanto como yo disfruté darle una segunda oportunidad a esta historia.
Gracias, como siempre, por acompañarme y apoyar mi trabajo 💛
*—Chris:Antes de convertirse en el hazmerreír de la velada, abandonó la pista con toda la calma del mundo y fue tras ella. Metió ambas manos en los bolsillos del pantalón mientras caminaba con la misma tranquilidad de un depredador que sabía que su presa no tenía adónde huir. Cassie avanzaba con rapidez, aunque sus altos tacones la obligaban a aminorar el paso cada pocos metros. En más de una ocasión falseó un paso y tuvo que recuperar el equilibrio antes de continuar. De vez en cuando giraba discretamente la cabeza para comprobar si seguía allí y, al descubrir que Chris no dejaba de perseguirla, aceleraba nuevamente el paso. Aquello comenzaba a parecer un juego. El gato y el ratón, y Chris comenzaba a disfrutar de la persecución.Ambos abandonaron el gran salón de gala. Cassie se dirigió primero hacia los elevadores, pero cuando estaba a punto de llegar cambió de idea y giró por un amplio pasillo alfombrado que conducía hacia la parte trasera del hotel. Fue entonces cuando Chris
*—Chris:Cuando estuvieron frente a frente, Chris deslizó una mano con cuidado hasta apoyarla en la parte baja de la espalda de Cassie, justo por encima de su cintura. Ella, algo dubitativa al principio, terminó colocando la mano libre sobre su hombro, mientras sus dedos entrelazaban los de él con la otra mano, que permanecía alzada entre ambos.La distancia era la adecuada para un baile elegante, lo suficientemente cercana para parecer una pareja, pero lo suficientemente peligrosa para que Chris percibiera nuevamente aquel delicado perfume floral que envolvía a Cassie.Comenzaron a balancearse lentamente al compás de la melodía. Cassie seguía el ritmo con una naturalidad que desmentía por completo la imagen de mujer torpe que había intentado venderle. Sus movimientos eran suaves, coordinados y elegantes, aunque mantenía la vista fija en el suelo, fingiendo concentrarse en cada paso para no equivocarse. Chris no pudo evitar esbozar una sonrisa divertida. Era evidente que estaba act
*—Chris:Con el brazo de Cassie enlazado al suyo, ambos comenzaron a alejarse de la entrada mientras recorrían lentamente el elegante salón. Las conversaciones parecían disminuir a su paso y Chris no tardó en notar las miradas cargadas de curiosidad que se clavaban sobre ellos.Era lógico. Hasta ese momento, jamás se le había conocido una pareja oficial, las veces que asistió a estos eventos, llevaba a su asistente, a veces a su madre y otras veces solo. Los medios llevaban años especulando sobre quién sería la mujer capaz de conquistar al heredero Bryant y, de repente, aparecía del brazo de una desconocida. Los flashes de las cámaras seguían iluminándolos desde distintos ángulos.Chris estaba seguro de que para ese momento ya existían decenas de fotografías circulando entre periodistas y agencias de entretenimiento, esperando descubrir la identidad de la misteriosa joven que caminaba a su lado.Aquello no había formado parte de su plan, más bien, Chris había imaginado algo completam
*—Chris:Se encontraba conversando con Lucien Bates, uno de los inversionistas más respetados del país y heredero de una influyente familia dedicada al sector financiero, cuando un destello dorado llamó su atención desde la entrada del salón. Chris dejó la frase a la mitad. Sus ojos permanecieron fijos en aquella figura femenina que acababa de cruzar las puertas y, por un instante, todo el ruido del salón pareció desaparecer. —¿Qué demonios…? —preguntó sorprendido.Era Cassadee McKay.Chris volvió apenas un segundo hacia Lucien.—Disculpa, hablaremos luego.Ni siquiera esperó una respuesta. Chris depositó la copa de champaña sobre la bandeja de un camarero que pasaba cerca y comenzó a caminar con paso decidido hacia ella. Cassadee permanecía inmóvil cerca de la entrada, observando el enorme salón con evidente desconcierto, completamente ajena a las miradas que estaba atrayendo. Más de un hombre había dejado de conversar para verla, mientras algunas mujeres la recorrían con una mezc










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