4

*—Cassie:

Justo entonces, las gemelas Brianna y Shanna entraron en el salón como una ráfaga de energía, radiantes como siempre. Shanna se acercó inmediatamente a Cassie y la tomó del brazo.

—¿Viste qué guapo era? —susurró con los ojos brillando.

Cassadee se rió, incapaz de contenerse. Claro que había notado lo atractivo que era Robert. Incluso ella, que tenía un alto estándar de cinismo hacia los hombres, no podía negarlo.

—Sí, se ve muy bien—admitió, intentando sonar casual.

—¿Bien? ¡Es guapísimo! —exclamó Shanna, casi saltando de la emoción.

Las gemelas comenzaron a intercambiar opiniones sobre Robert, completamente absortas en su conversación, pero Cassadee las ignoró. En lugar de eso, fijó su atención en Antonella y su madre, parecían enfrascadas en una conversación seria. La forma en que Antonella se inclinaba hacia su madre, hablando en voz baja, y cómo esta última negaba con la cabeza una y otra vez, con gesto preocupado, llenó a Cassie de inquietud.

Cuando decidió levantarse para acercarse, su padre apareció de repente frente a ella, bloqueándole el paso con una expresión severa.

—Te quedas ahí —ordenó con un tono que no dejaba lugar a discusión.

Cassadee volvió a sentarse de mala gana, fulminándolo con la mirada.

—No entiendo por qué estás tan rebelde últimamente —le espetó Jefferson, señalándola con un dedo acusador—. Ese hombre es un importante miembro de la familia Bryant y tú te comportas como una niña maleducada. ¿Cómo te atreves a ponerte esa clase de ropa? Pareces una prostituta. Va a pensar que no te hemos enseñado modales.

Cassie abrió la boca, indignada.

—¡Es lo único decente que tenía para ponerme! —protestó Cassadee, sintiendo cómo la rabia comenzaba a hervir dentro de su pecho.

—No te doy tu mesada para que te compres ropa tan descarada a tu edad —replicó su padre con frialdad—. Y más te vale comportarte como corresponde. El lunes te quiero en mi despacho a las diez de la mañana —ordenó, y lo dijo como si estuviera dictando una sentencia y, sin esperar respuesta, se dio media vuelta y se marchó hacia su estudio.

Cassie quiso replicar, pero las palabras se quedaron atoradas en su garganta. No entendía de dónde venía el mal humor de su padre. Él mismo le había ordenado bajar para conocer a un hombre que, al final, ya resultaba que conocía, o que al menos su familia conocía bien. El tipo apenas había dicho cuatro cosas sin importancia y luego se había marchado.

¿Qué se suponía que tenía que hacer ella en esa situación?

¿Y qué demonios tenía de malo su ropa? El vestido se lo había regalado Shanna. Si hubiera bajado con su ropa habitual, su padre también habría encontrado algo de qué quejarse.

Dios, estaba cansada.

No veía la hora de salir de esa casa. El problema era que tampoco tenía demasiadas opciones. No había sido aceptada en ninguna universidad prestigiosa, sus notas simplemente no eran lo suficientemente brillantes, aunque se había esforzado muchísimo para al menos conseguir los créditos necesarios para graduarse. Tal vez podría entrar en alguna universidad local y estudiar algo que le permitiera ganarse la vida decentemente, el problema era que ni siquiera tenía claro qué carrera quería.

Su madre se acercó poco después y se sentó a su lado en el sofá. Con un gesto suave y casi automático, comenzó a acariciarle el cabello, como hacía cuando Cassie era niña.

—No le hagas caso —murmuró Alice con una sonrisa cansada.

—¿Qué está pasando, mamá? —preguntó Cassadee, tratando de encontrar respuestas en los ojos de su madre—. No entiendo porque últimamente me trata tan mal si yo…—Cassie se cortó y se obligó a no mostrar sus emociones, no quería llorar delante de nadie por cómo se sentía.

Alice negó con la cabeza, evitando su mirada.

—Solo escúchalo esta vez y haz lo que dice tu padre, por favor —le pidió en voz baja, para luego levantarse y alejarse junto con Antonella.

Cassie notó que su hermana mayor parecía molesta, aunque no supo decir si era con ella o con su madre. Cuando ambas desaparecieron rumbo a la cocina, Antonella parecía estar hablándole con insistencia a Alice, en un tono mucho más alto de lo que normalmente usaba.

Las gemelas terminaron marchándose también a sus respectivos cuartos, y Cassadee se quedó sola en el salón, sintiendo cómo las piezas de un rompecabezas comenzaban a girar en su mente sin encontrar todavía un lugar donde encajar.

Había algo más detrás de todo aquello, algo que su familia claramente no quería decirle. Y, de alguna manera que no lograba explicar, estaba segura de que Robert Bryant tenía algo que ver con todo eso.

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