*—Chris:
Tal como recordaba, la oficina de Jefferson McKay era extraordinariamente aburrida. Predominaban los muebles de madera oscura, los tonos marrones y cremosos y una decoración tan clásica que parecía detenida varias décadas atrás. Resultaba curioso que el propietario de una compañía dedicada a los artículos lujo de un hogar trabajara en un espacio tan conservador y carente de personalidad.
Decidió ignorar por completo el entorno.
Al otro lado del escritorio, Jefferson McKay ya estaba de