El hombre se había quedado ahí conmigo toda la noche y me sonreía alegremente, pero yo no podía dejar de pensar: ¿por qué había hecho aquello? Y eso me generó una profunda desconfianza. No quería ser una malagradecida con Samuel, pero para mí no era completamente normal que un hombre hiciera algo como eso: quedarse a mi lado durante toda la noche, dormir recostado en la camilla. Tenía la misma ropa con la que me había traído; al parecer, ni siquiera se había ido a casa.
Levanté mi cabeza y busq