Mundo de ficçãoIniciar sessãoLa esposa elegida del rey demonio El reino entero le teme. De cabellos blancos, ojos azules y un corazón sellado por la crueldad, el rey Edrion es conocido como el Rey Demonio: un monarca que acepta esposas prometidas… solo para convertirlas en concubinas y desecharlas sin piedad. Cuando una joven dama noble es prometida al rey, su destino parece sellado. Pero ella se niega a renunciar a su libertad y al hombre que ama en secreto: un guardia de su propia familia. Desesperados, idean un plan impensable: hacer pasar a una joven pobre, idéntica a la noble, como la prometida real. La muchacha acepta ocupar un lugar que no le pertenece, creyendo que solo será una concubina más en la sombra del trono. Lo que nadie esperaba… es que el rey la eligiera. Convertida en la futura reina del hombre más temido del reino, atrapada en una mentira que podría costarle la vida, ella deberá sobrevivir a la corte, a un deseo prohibido y a un rey que jamás debía mirarla como lo hace. Porque el Rey Demonio no ama. Pero cuando elige… no perdona ni libera.
Ler maisLa luz de la mañana entraba suavemente por los ventanales, deslizándose sobre las sábanas desordenadas y la amplitud de la habitación real, iluminando el silencio que quedaba después de la noche.Edrion ya estaba despierto.Permanecía recostado, observándola.Lyria dormía a su lado, su respiración tranquila, el cabello extendido sobre la almohada en suaves ondas oscuras que contrastaban con la claridad del amanecer. Su rostro, libre de tensión, tenía una calma que él no había visto antes, como si por unas horas hubiera olvidado el peso del mundo que la rodeaba.El rey alzó la mano lentamente, dejando que el gesto naciera con una calma poco habitual en él, como si por un instante el mundo dejara de exigirle dureza. Sus dedos se acercaron a su rostro con una suavidad inesperada, rozando su piel con un cuidado casi reverente, como si temiera romper algo frágil, como si en ese simple contacto descubriera algo que no quería perder.La yema de sus dedos recorrió su mejilla, apenas rozándola
Elinor había perdido la noción del tiempo dentro de aquel lugar oscuro y húmedo, donde el aire parecía quedarse atrapado entre las paredes y cada respiración arrastraba un rastro de suciedad. La cuerda que ataba sus manos le quemaba la piel cada vez que intentaba moverse, pero el dolor físico era insignificante frente a la incertidumbre que la consumía, porque no sabía cuánto tiempo llevaba allí ni qué estaba ocurriendo afuera, y esa ignorancia era lo que más la desgastaba. Las voces llegaron antes que los hombres, filtrándose entre las sombras con una claridad incómoda.Uno de ellos se detuvo frente a ella y la observó con detenimiento, inclinando ligeramente la cabeza como si evaluara su valor. Era un hombre bajo y delgado, con un rostro desproporcionado en el que destacaban una nariz puntiaguda y unos dientes prominentes que se asomaban incluso cuando no hablaba, mientras sus ojos saltones, cargados de desdén, recorrían cada detalle de ella como si ya estuviera decidiendo cuánt
Edrion se giró lentamente, y en el instante en que sus ojos se encontraron con los de ella, algo cambió en el ambiente. Su mirada descendió sin prisa, recorriéndola con una intensidad que no intentó ocultar, y luego volvió a su rostro con una fuerza que la hizo sentir completamente expuesta.Pero esta vez, Lyria no retrocedió ni permitió que el impulso de huir tomara el control; no hubo temblor en su cuerpo ni vacilación en su mirada, sino una firmeza nueva, desconocida incluso para ella misma, con la que sostuvo la intensidad del rey sin apartarse. Edrion avanzó entonces, cerrando la distancia entre ambos con pasos lentos y seguros, como si cada movimiento estuviera cargado de una decisión que ya no pensaba cuestionar.Cada paso era firme, seguro, cargado de una presencia que imponía, pero también de algo más, algo que ya no era solo control… sino necesidad. Cuando estuvo frente a ella, alzó la mano y la apoyó contra su pecho, como si necesitara comprobar que estaba ahí, que era real
El día no le dio tregua.Desde el amanecer, las puertas no dejaron de abrirse y cerrarse, dejando entrar una procesión constante de criados que cargaban cofres, telas, perfumes y joyas, cada regalo más ostentoso que el anterior, todos enviados por la familia Avelyne como una demostración silenciosa —y muy pública— de poder. Lyria permanecía sentada mientras todo se acumulaba a su alrededor, como si intentaran cubrirla con oro hasta hacer desaparecer lo que realmente era.Sonreía cuando debía, asentía en el momento justo y agradecía con la delicadeza que se esperaba de ella, pero en realidad no escuchaba nada de lo que le decían, porque los murmullos llegaban igual, siempre encontraban la forma de alcanzarla, deslizándose entre los pasillos, escondiéndose tras las cortinas, disfrazándose en miradas que fingían respeto mientras susurraban lo que todos pensaban: que el matrimonio no había sido consumado, que el rey no la había elegido de verdad, que Valeria sería la verdadera reina. Cada
Último capítulo